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Jul
Athletic Club de Bilbao, adiós a la penúltima tradición
por damianEntre el fútbol actual y el que se jugaba a principios del siglo XX sólo quedan en común el balón, las porterías, los jugadores, el árbitro y la pasión del público. Afortunadamente perduran los elementos esenciales de este deporte que nos nubla los sentidos cada fin de semana, bueno ahora practicamente cada tres días.
Otras muchas tradiciones y determinados valores que rodeaban a este juego se han ido perdiendo o han cambiando. Aunque no siempre, en algunos lugares todavía perviven muchas de ellas. Uno de esos maravillosos lugares en los que se mantienen tradiciones del pasado que se han ido transmitiendo de generación en generación es Bilbao, concretamente en su Athletic Club. Como si de la aldea gala de Astérix y Obélix se tratara resisten el acoso de los poderosos romanos modernos del mundo del fútbol.
Los rojiblancos, con 110 años de historia a sus espaldas, son un club con gran apego a sus tradiciones y a su forma de entender el fútbol. Cuando el balompié daba sus primeros pasos en España el Athletic Club fue uno de los clubs pioneros del incipiente panorama fútbolístico nacional. Durante la primera mitad del siglo XX le discutía el dominio del fútbol español a Real Madrid, Barcelona, At. Madrid o Valencia, coleccionando títulos de liga y copa.
Con el paso del tiempo el club se fue debilitando deportivamente debido a varios factores. Uno de ellos la apertura de fronteras a los jugadores extranjeros. Sus rivales se lanzaron a la caza y captura de las grandes figuras internacionales. El Athletic no. Permaneció fiel a su filosofía de que sólo podían jugar con ellos los jugadores nacidos en Euskadi o los criados desde muy pequeños en su cantera.
La brecha entre el Athletic y sus rivales comenzó a crecer en los años 60 y 70, rompiéndose definitivamente en los 80 y 90 (a pesar del título de liga del 83 y del doblete del 84, aunténtico canto del cisne del club) con la irrupción de la publicidad, la televisión y la llegada de los jugadores comunitarios que no ocupaban plaza de extranjero y que poblaron los clubs españoles de jugadores foráneos. En la mayoría de los clubs era casi imposible atisbar un jugador de su cantera en el once inicial y sus camisetas anunciaban electrodomésticos o colchones. En el Athletic no, los apellidos vascos seguían copando la alineación y en su uniforme sólo veían las rayas rojiblancas y el escudo.
Todo podía ir a peor según la Ley de Murphy, y así se cumplió. Lo peor ya no era que los demás manejasen más dinero y fichasen a todo lo que le diera patadas a un balón, sino que sus propios jugadores eran fichados por los demás clubs, haciendo todavía más difícil la vida en la pequeña aldea rojiblanca.
Sin embargo los leones de San Mamés se mantenían firmes. Ni jugadores foráneos ni publicidad en las camisetas. Sólo la cantera, el orgullo y la garra de sentirse diferentes luchando en inferioridad de condiciones. Todavía aguantaban. La pócima que había alimentado a hombres como Pichichi, Zarra, Gaínza o Iríbar los mantenía en pie.
Pero en los últimos años las orejas del lobo se han hecho demasiado visibles, con el descenso a segunda división acechando en las dos últimas temporadas (el Athletic nunca ha jugado en segunda, junto a Real Madrid y Barcelona). La consecuencia ha sido romper la penúltima tradición. A partir de este temporada llevarán publicidad en las camisetas. Las inmaculadas zamarras rojiblancas ya se han vendido al mejor postor.
¿Cuanto aguantarán con la última tradición? ¿Para cuando el fichaje del primer jugador no nacido ni criado en tierras vascas?







Costa de Marfil
Serbia
Otro ex-River deja San Lorenzo. Estamos hablando de Diego Placente, el lateral que llegó en el verano al equipo de Boedo y se suma a la partida de Andrés D´alessandro. El jugador tenía una cláusula en su contrato que le permitía partir en caso de recibir una oferta del exterior. Fue el Girondins de Burdeos, donde juega Fernando Cavenaghi, quien realizó el ofrecimiento.




